Melasma en verano: cómo cuidar tu piel para evitar que las manchas se descontrolen

Cada verano recibo en consulta la misma pregunta:
”¿Debo dejar los tratamientos para el melasma hasta que termine el verano?”
Durante años se ha pensado que el verano era una época en la que poco se podía hacer por el melasma. Sin embargo, hoy sabemos que la realidad es muy diferente. Aunque algunos tratamientos deben adaptarse para evitar irritaciones o complicaciones, el verano es precisamente la época en la que más debemos cuidar el melasma.
El objetivo durante estos meses no es eliminar las manchas a cualquier precio, sino mantener la enfermedad estable para evitar que empeore y conseguir que los tratamientos del otoño sean mucho más eficaces.
¿Qué es el melasma?
El melasma es una alteración adquirida de la pigmentación caracterizada por la aparición de manchas marrones o grisáceas, generalmente simétricas, que afectan sobre todo a la frente, mejillas, labio superior, nariz y mentón.
Es mucho más frecuente en mujeres, especialmente entre los 20 y los 50 años, aunque también puede aparecer en hombres.
Durante mucho tiempo se pensó que el melasma era simplemente un exceso de melanina en la piel. Sin embargo, las investigaciones de los últimos años han demostrado que es una enfermedad mucho más compleja.
Actualmente sabemos que en el melasma intervienen múltiples mecanismos:
- Hiperactividad de los melanocitos.
- Inflamación crónica de bajo grado.
- Estrés oxidativo.
- Alteración de la membrana basal.
- Mayor vascularización.
- Alteraciones en los fibroblastos de la dermis.
- Activación mantenida por la radiación ultravioleta, la luz visible y el calor.

Por este motivo, el tratamiento actual del melasma no consiste únicamente en “despigmentar”, sino en actuar sobre todos estos mecanismos.
¿Por qué aparece el melasma?
No existe una única causa.
Su aparición suele depender de la combinación de varios factores:
- Predisposición genética.
- Exposición solar.
- Luz visible.
- Calor.
- Cambios hormonales (embarazo, anticonceptivos o menopausia).
- Algunos medicamentos.
- Inflamación cutánea.
- Envejecimiento de la piel.
Cada persona presenta una combinación diferente de estos factores, por lo que no existen dos melasmas exactamente iguales.
El calor: el enemigo olvidado
Cuando pensamos en melasma solemos culpar únicamente al sol. Sin embargo, la evidencia científica actual demuestra que el calor también desempeña un papel importante.
Cuando la piel permanece caliente durante un tiempo prolongado se activan diferentes mecanismos inflamatorios capaces de estimular a los melanocitos y aumentar la producción de melanina.
Esto explica por qué muchas personas empeoran después de pasar varias horas en la playa o en la piscina, incluso utilizando correctamente el protector solar.
El calor mantenido, la arena, el reflejo del agua y la radiación acumulada actúan conjuntamente favoreciendo la reactivación del melasma.
¿Debo dejar de tratar el melasma en verano?
La respuesta es no.
Lo que debemos hacer es adaptar los tratamientos.
El verano no suele ser el mejor momento para realizar procedimientos agresivos, pero sí es una época excelente para mantener la piel estable mediante tratamientos suaves y protocolos individualizados.
Actualmente disponemos de diferentes opciones terapéuticas que permiten continuar tratando el melasma durante el verano siempre que sean indicadas por un profesional y se acompañen de una correcta fotoprotección.
El objetivo es evitar que las manchas se intensifiquen durante estos meses y llegar al otoño con un melasma controlado.
Cómo cuidar el melasma durante el verano
1. Utiliza protector solar todos los días
La fotoprotección constituye el tratamiento más importante del melasma.
Debe aplicarse cada mañana, incluso aunque el día esté nublado o no vayamos a la playa.
En pacientes con melasma son especialmente interesantes los protectores solares con color o con óxidos de hierro, ya que ayudan a proteger también frente a parte de la luz visible.
2. Reaplica correctamente el protector
Aplicar el protector únicamente antes de salir de casa suele ser insuficiente.
Durante la playa o la piscina debe reaplicarse aproximadamente cada dos horas y siempre después del baño o de una sudoración intensa.
Una aplicación insuficiente reduce considerablemente la protección real.
3. Evita el exceso de calor
Reducir la temperatura de la piel puede ayudar a minimizar uno de los desencadenantes del melasma.
Algunas recomendaciones sencillas son:
- Utilizar sombrero de ala ancha siempre que sea posible.
- Buscar la sombra y evitar permanecer muchas horas bajo el sol.
- Evitar la exposición durante las horas centrales del día.
- Refrescar el rostro con una bruma de agua termal o agua mineral cuando la piel esté muy caliente.
- Utilizar un abanico o permanecer en lugares frescos cuando sea posible.
- Al llegar a casa, aplicar una compresa fría o una mascarilla refrigerante (nunca congelada) puede ayudar a disminuir la temperatura cutánea.
Estas medidas no sustituyen al protector solar, pero sí ayudan a controlar uno de los factores que actualmente sabemos que participa en la reactivación del melasma.
4. No abandones tu rutina despigmentante
Uno de los errores más frecuentes consiste en suspender todos los cosméticos durante julio y agosto.
La rutina domiciliaria constituye el tratamiento de mantenimiento que mantiene controlada la enfermedad.
Cada paciente necesita activos diferentes según su tipo de piel, su grado de pigmentación y su tolerancia, por lo que no existe una rutina universal.
5. Mantén la piel sana
Una barrera cutánea alterada favorece la inflamación y puede dificultar el control del melasma.
Por ello es importante utilizar limpiadores suaves, mantener una buena hidratación y evitar procedimientos o productos que produzcan irritación innecesaria.
Errores frecuentes
Algunos de los errores que con mayor frecuencia observo en consulta son:
- Suspender completamente el tratamiento durante el verano.
- Aplicar el protector solar únicamente una vez al día.
- Pensar que bajo la sombrilla no existe radiación.
- Permanecer durante horas con la piel muy caliente.
- Esperar al otoño para volver a cuidar el melasma.
- Utilizar remedios caseros o productos recomendados en redes sociales sin un diagnóstico adecuado.
El melasma es una enfermedad crónica
Es importante comprender que el melasma no suele curarse definitivamente.
Se controla.
Igual que ocurre con otras enfermedades crónicas, el éxito depende del mantenimiento a largo plazo y de la constancia.
El objetivo no debe ser únicamente eliminar las manchas, sino reducir las recaídas y mantener la piel estable durante todo el año.
Cada paciente necesita un tratamiento diferente
No existen dos melasmas iguales.
La profundidad del pigmento, el fototipo, los factores hormonales, la exposición solar, los tratamientos previos y el estado de la piel hacen imprescindible realizar una valoración individualizada antes de recomendar cualquier tratamiento.
Copiar la rutina de otra persona rara vez ofrece buenos resultados.
¿Necesitas ayuda con tu melasma?
Si llevas meses o incluso años utilizando productos sin obtener resultados o notas que cada verano las manchas vuelven a aparecer con más intensidad, probablemente necesites una valoración profesional.
En LIAH Enfermería Dermoestética realizo una valoración individualizada para identificar el tipo de melasma, analizar los factores que lo desencadenan y diseñar un plan de tratamiento completamente personalizado.
Si no puedes acudir a consulta, también puedes realizar una valoración online, en la que estudiaremos tu caso, revisaremos tu rutina actual y elaboraremos un plan de tratamiento adaptado a las necesidades de tu piel.
Porque el melasma no se trata con un único producto. Se controla comprendiendo qué está ocurriendo en tu piel y manteniendo una estrategia constante durante todo el año.
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